En un mundo hiperconectado como el actual, cualquier empresa tiene que pensar muy en serio en la protección de su mejor aval: sus datos. Esto no se refiere solo a la protección de datos de carácter personal, regulada por la ley 15/1999, sino a todos los documentos que la actividad empresarial deja registrados en soporte informático. Se habla de ciberserguridad.

Según el Instituto Nacional de Ciberseguridad, esta consiste en el conjunto de prácticas diseñadas para gestionar el riesgo del ciberespacio en el uso, almacenamiento y trasmisión de la información utilizada en las organizaciones e infraestructuras industriales.

La ciberseguridad no solo afecta a las empresas, también los trabajadores, en el ejercicio de sus funciones, pueden y deben colaborar en la seguridad informática de los datos que manejan. Mediante una formación continuada y apropiada a la que tienen derecho según la ley de prevención de riesgos laborales en su artículo 14 (Ley 31/95 de 8 de noviembre). La formación del trabajador es vital porque, muchas veces, los fallos en seguridad se producen por falta de conocimientos específicos o por la falsa seguridad de que nadie puede acceder a los sistemas o pueda estar interesado en hacerlo.

Los expertos en ciberseguridad alertan de lo relativamente fácil que es acceder a los sistemas críticos de las empresas y vulnerar la protección de datos de las mismas. Para contrarrestar esta amenaza, desde el INCIBE, ofrecen herramientas para realizar un análisis de riesgos en pocos minutos.

Algunos de los riesgos laborales relacionados con la ciberseguridad estarían relacionados con, por ejemplo, el uso de redes inalámbricas públicas con el móvil de la empresa o la instalación de sistemas de almacenamiento externo como un pendrive de dudosa procedencia.

La tecnología avanza a gran velocidad pero la seguridad no tanto. Ojalá no sean necesarios ataques masivos como el reciente WannaCry para que se tome conciencia real de los peligros potenciales para las empresas.